Archive for the ‘ Kounboum ’ Category

Gérmenes; recortes; desarrollo; arte combinatoria

Dicen que un chiste que es necesario explicar para que cause gracia es un mal chiste. Yo no lo creo así, yo creo que esa explicación puede ser el verdadero chiste. Según yo veo las cosas, todo malentendido, toda omisión, todo gesto oscuro y toda errata invitan al diálogo, a la interpretación y al juego. De ahí se desprenden varios interesantes ejercicios tales como La actividad paranoica-crítica de Salvador Dalí, el cut-up de William S. Burroughs, los hábitos literarios de Tlön descritos por Borges, el weissöj y la teoría del libro-duplex de Karlés Llord (regresaré sobre esto más adelante).

Uno podría verse tentando a rastrear esta arte de la combinatoria -por llamarlo prosaicamente- al célebre Conde de Lautréamont. No en vano los surrealistas le consideraron uno de sus precursores citando como directa influencia su “encuentro fortuito en una mesa de disección de una máquina de coser y un paraguas”. Pero cabe preguntarnos, ¿fue ese encuentro realmente fortuito?

Lo fortuito es lo casual, lo no-programado. Pero para quienes como yo no creen en casualidades, lo fortuito no existe. El encuentro y el lugar dónde la máquina de coser y el paraguas se reunieron fue planificado por Lautréamont, lo mismo ocurre con cualquiera de las “aproximaciones insólitas” que los surrealistas cultivarían posteriormente en todas sus formas y variaciones.

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Ensamblando quimeras: diálogos en torno a Kounboum e Identidad suspendida

Sergio Alejandro Amira: Comienza hoy el primer encuentro Kounboum-Identidad suspendida, abre los fuegos, Karlés Llord.

Karlés Llord: Hay en primer término, interesantes reflexiones acerca del lenguaje en ambos libros. Como cuando se dice en Identidad suspendida que “el lenguaje se ha vuelto más real que la realidad”, y que recuerda la premisa borgeana de que “el lenguaje mismo no es ya más que un sistema de citas”.

SAA: El lenguaje se apodera de la realidad, la transforma y la penetra

KL: Si el lenguaje es la lombriz solitaria del cerebro o un virus, ¿cómo se manifiesta esto en tu actitud escritural?, ¿en la relación de tu Yo creativo con tus propias redes sinápticas?, ¿cómo se vincula en ti la sintaxis con las sinapsis? Porque en Identidad suspendida vemos las huellas de una gran conspiración, sin embargo esa conspiración pareciera encubrir otra, una conspiración sintáctica, de la estructura del ser humano como hablante, contra sus propias raíces alienígenas o viceversa, la mutación alienígena de las bases de la comunicación humana.

SAA: Sobre las conspiraciones me gusta algo que dijo Alan Moore en el documental Mindscape of Alan Moore. Él dice que para le mente conspirativa siempre hay alguien “en control” porque es más cómodo pensar eso. Es más cómodo pensar en que la banca judía, o los grises, o los reptiloides de otra dimensión son quienes mueven los hilos y no aceptar la verdad, que el mundo es caótico y que no hay nadie en control. Y mucho menos un Dios o panteón de dioses. Todos como individuos estamos en control, lo que nos lleva a la visión de la realidad como un esfuerzo cooperativo. El observador afectando la realidad, interviniéndola y manipulándola. En Identidad suspendida intenté decir algo similar a esto, la conspiración no existe y nadie está en control, es el principio de incertidumbre mismo, ¿no crees?

KL: Sí, la incertidumbre como el estado larvario mismo de la literatura y de la vida misma.

SAA: “Todo lo que no es errancia es dogma” dice en Kounboum, y yo en Identidad suspendida digo, “quien posee certezas posee cadenas”, y como Prometéo está encadenado a la montaña. Sin cadenas, podemos ejercitar la errancia que parte del error también. Dar la bienvenida al error y desarrollar cosmogonías completas a partir de la errata de un libro, por ejemplo.

KL: Y entonces da lo mismo si hay conspiración o no, el escritor despliega sus caminos y laberintos absolutamente despreocupado del resultado final.

SAA: Así es. Y aquí nos conviene detenernos en “el escritor”. Me parece particularmente reveladora la siguiente afirmación de Clodoveo Piovalle en Los papeles del Dr. Cabdeguur: “Un literato es un hombre de géneros; un escritor es alguien que escribe, no siguiendo una línea de construcción o configuración, sino guiado por impulsos extragenéricos, extrafronterizos”. Yo no tengo duda alguna que bajo esta premisa, tanto tú como yo respondemos a la definición de “escritor”… pero albergo la sospecha que Meier sería un literato. Continue reading

Kounboum: el árbol de las diez mil palabras

Según consta en la biografía de Karlés Llord, este escritor y músico cubano desapareció luego de una intensa sesión de weisshöj experimental en el barrio Recreo, Viña del Mar. Luego de muchos esfuerzos, y transcomunicación instrumental mediante, hemos conseguido que responda a algunas preguntas relacionadas a Kounboum, su primer libro en ser editado.

¿Por qué de todas las naciones que tapizan el globo Karlés Llord termina en Chile?

A Chile llegué envuelto en las brumas de un concurso de guitarra. Con los años, me di cuenta de que, siguiendo a María Zambrano, esta era mi patria prenatal, que, a diferencia de la patria del nacimiento, se nos da “por la poesía”. Vine a Chile a desarrollar un trabajo de investigación y uno poético. Pero además, un tercer trabajo, que viene a coincidir con lo que Ignacio Gómez Liaño llama “automorfosis”, y que era el propósito también de los antiguos alquimistas. Automorfosis significa literalmente formación -de uno mismo-, no sólo en el sentido del yo oo la personalidad sino en el de la individuación junguiana. Alcanzar ese Selbst o punto ideal, equidistante entre la conciencia y lo inconsciente.

¿Y ese trabajo hubiese sido diferente de haber sido realizado en Cuba?

En Cuba era totalmente imposible, encontrándome yo ahogado por la extrema competitividad que conlleva la formación de un músico de nivel internacional. Necesitaba sacudirme muchos fardos, incluyendo el fardo mismo de la “necesidad” de realizar una carrera en lo musical. Algunas de estas trabas eran psicológicas, ambientales y por último, como dice Gurdjieff, también estaba “la cuestión material”.

¿Con qué autor chileno tenías relación antes de llegar a Chile?

Bueno, ya se sabe que Gabriela Mistral llamó a José Martí (héroe nacional de Cuba) “el hombre más puro de la raza”. Por otro lado, estaba el omnipresente Neruda, “cuerpo y alma de bacalao”, como lo llamaban los del grupo Mandrágora. De Huidobro asistí a una musicalización de su poema Altazor por un magnífico grupo de jazz en mi ciudad natal, pero más allá del gran triunvirato, no tenía noticias.

Al llegar a nuestro país obviamente conociste más autores chilenos, ¿cuales fueron relevantes para ti al descubrirlos?

Durante los primeros años me dediqué a llenar algunas lagunas en la lectura, así que no me preocupé mucho de los chilenos. Busqué a Jung, Borges, que en Cuba eran poco menos que extraterrestres. En el año 1997, se me “reveló”, literalmente, la obra de don Miguel Serrano, y más tarde los poetas metafísicos chilenos, con lo que se me abrió todo un mundo nuevo de resonancias, pues en el fondo, como dice el gran poeta cubano Lezama Lima, “elegir sólo merece hacerse visible cuando nos eligen”, con lo que se ilustra la ley del sincronismo, o de la acausalidad mágica, que rige los pasos del hombre en esta tierra. Sobre todo a los que son conscientes de un trabajo y una tarea. Continue reading

Kounboum inicia

Supongo que lo que realmente necesitaba para ocupar este espacio -cuya orientación es principalmente literaria- era la ocurrencia de un hecho significativo, y ese hecho aconteció el día sábado 29 de agosto a eso de las 17: 00 hrs. cuando en el Café del Poeta, en Valparaíso, Carlos Lloró -a nombre de Karlés Llord- hizo entrega de algunos los primeros ejemplares de Kounboum a sus amigos y colaboradores más cercanos.

La vida literaria -o “el cuento de la literatura” como le llama Henry Miller- suele estar llena de insatisfacciones y cualquiera que no sea Dan Brown podrá atestiguar que otorga más privaciones que privilegios. Es por esta razón que cuando lo extraordinario acontece, uno queda como debe haber quedado Santo Tomás tras su experiencia de contemplación infusa. Es algo que afecta profundamente y que en vez de aminorar con el tiempo se incrementa. Hoy por ejemplo, mientras escribo estas palabras, me siento aún más asombrado que hace dos días, cuando en el Café del Poeta, Carlos me entregó y dedicó mi ejemplar de Kounboum.

¿Han presenciado alguna vez algún prodigio?, ¿han sido testigos de un fenómeno OVNI o una aparición mariana o algo que simplemente desafíe toda lógica? Si lo han hecho, entonces entenderán en parte como me siento yo, porque libros como Kounboum no deberían existir, no hoy en día, no en un mundo que aplaude lo volátil y premia lo mediocre. La existencia de Kounboum es tan improbable como lo es su autor. Y como árbol que es, Kounboum extiende sus raíces y ramajes más allá de sus hojas, nutriéndose y fecundando las obras de otros autores. De esta forma es imposible no sentirse parte de Kounboum, es como el Simurg, es todas las aves, es todos los autores y todos los libros escritos y por escribir. Como dice Sergio Meier, es “(…)millones de prisiones, fortalezas, páginas mezcladas, túneles subterráneos, habitaciones; Lovecraft, Machen, Kubin(…)”. Y es también el propio Meier, y es Cristián Arregui, Daniel Madrid y Matías López; es los hermanos Chellew y Susana Riveros, es Cristián Olivos, Iván Arestegui, Leonardo Lizama… y es también Sergio Alejandro Amira… Y es todos ellos y muchos más sin nunca, en ningún momento, dejar de ser Karlés Llord.

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