Identidad Suspendida: El Bendito Caos

por Jorge Luis Freire

Sergio Alejandro Amira es un literato borderline, un obseso de la intertextualidad y del detritus mediático, un filósofo de la acumulación y de la dialéctica del sinsentido. Un outsider.

Su novela de 100 páginas Identidad suspendida (2007, Mago Ediciones) es una especie de distopía cyberpunk que se autorrefuta constantemente en sus planteamientos; una superposición de imágenes, ideologías, torturas con corvos, asesinatos y cultura pop barnizado de un bizarro halo enciclopédico y sobrecarga informática.

Identidad suspendida es la pesadilla de William Burroughs hecha carne; una novela en la que Leonardo Da Vinci -líder de una comunidad de cucarachas intergalácticas superdesarrolladas en un distante futuro- ordena a sus esbirros del presente salvar la vida del General Augusto Pinochet y en donde un misterioso agente secreto torturado por sus creencias comunistas en los Estados Unidos de la era McCarthy es capaz de transformarse en un cienpiés gigante y arrancar la cabeza de sus enemigos de un solo mordisco… esa es Identidad suspendida!! La peor Naked Lunch posible, el peor de los delirios lynchianos. Aberrante, gratuita e indigesta cual cinta de Maya Deren o autorretrato de David Nebreda. Una mierda demasiado extraña como para no leerla.

La ¿trama? dice relación con dos agentes versados en entrenamiento paramilitar y los apremios ilegítimos que infringen a Sebastián-Piñera-votantes sin razón aparente en el barrio alto de la capital. En paralelo, se narran las vicisitudes de una agencia de espionaje propia de la Guerra Fría (FASat-Alfa) de la que los protagonistas forman parte. Esta suerte de macguffin narrativo propicia la aparición de nuevas misiones, agentes, contra-agentes, dispositivos imposibles y un nivel de paranoia propio de la Crisis de los Misiles.

La manera en que la historia se desarrolla es ilógica, cambiando constantemente de registro y apostando por el maximalismo, la acumulación de datos y la experimentación formal y fenoménica. Tanto barroquismo, afán non sequitur -e incluso deus ex machina- obedecen a la decisión estética consciente del autor de conjugar los elementos de la historia de manera tal de hacer de la lectura una experiencia sublime y limítrofe en partes iguales.

Sergio Alejandro Amira se decanta -al igual que su compatriota Álvaro Bisama en Caja Negra o el argentino Rodrigo Fresán en Babel– por hacer de la contradicción su principal y más preciado mecanismo argumental. Técnicas tales como la narrativa divergente, la estructura coral, el libre fluir de la conciencia y la mezcla y superposición de géneros y registros no hacen más que ayudarle en su objetivo de hacer de su novela, más que un libro con una trama convencional, un objeto estético que rememore en quién lo consume la lógica perversa de una bomba de racimo, la imposiblidad de una Matrioska o el mal viaje producido por un cocktail de sustancias virulentas.

En palabras del propio Amira: “Para mí, Identidad suspendida es una novela realista al estilo de Joyce quién sabía que para que una obra sea de verdad realista debe incorporar los diálogos sin sentido, los silencios, las tramas que no van a ninguna parte, los personajes que no aportan nada, el mundo onírico, la yuxtaposición de realidades o la mezcla entre el koinos y el ideos kosmos. Es como cuando Shrek dice que un ogro es como una cebolla. ID-S es una cebolla, grande y suculenta como la que masticó Zalo Reyes inducido por Tony Kamo en un mal programa de César Antonio Santis que pudo ser novio de Andrea Tessa como bien pudo no haberlo sido de manera tal como nosotros no podemos quedar fuera de un universo en el que la causa de las leyes físicas permanece como un Participante Activo (Wheeler). Es decir, un universo dónde cada uno de nosotros es participante directo de los efectos cuánticos del tiempo real así como el lector es partícipe del fenómeno de mi novela.”

Jorge Luis Freire, 2010

Publicado originalmente en Spira Mirabilis
http://spiramirabilis.cl/?p=1446

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