Identidad suspendida tres años después

El 4 de julio de 1976 los Sex Pistols tocaron en el Lesser Free Trade Hall de Manchester, un pequeño escenario en el segundo piso del hall principal. No había más de cuarenta personas en aquel legendario concierto que es considerado catalizador tanto para el movimiento punk como el New Wave. Entre los escasos asistentes se encontraban Tony Wilson (personalidad televisiva, fundador de Factory Records), Martin Hannett (productor de Factory Records), Howard Devoto, Pete Shelley y Steve Diggle (de Buzzcocks, organizadores del concierto) y Bernard Sumner y Peter Hook (que formarían posteriormente Joy Division y New Order), entre otros. Mick Hucknall (de Simply Red), Morrisey e Ian Curtis asistieron al segundo concierto, pero la tendencia a mitificar aquel primer concierto los sitúa también ahí. Yo me lo perdí lamentablemente debido a que vivía en Chile por aquel entonces y además tenía poco más de dos años, pero pude experimentar algo similar cuando en un día como este hace tres años atrás, presenté mi primera novela: Identidad suspendida.

El lanzamiento fue el jueves 13 de septiembre a las 19:15 horas en el Círculo de Periodistas, en Santiago. A la hora de escribir sobre esto no puedo dejar de pensar en aquella presentación mancuniana de los Pistols. Claro, el lanzamiento de Identidad suspendida está lejos de ser “legendario” todavía, aunque para mí hay ciertos factores que puede que contribuyan a que lo sea eventualmente.

Yo había llegado ese mismo día a Santiago desde Viña del Mar, y tenía por centro de operaciones el departamento de Rodrigo Mundaca, quien se hallaba convaleciente de una operación. Almorcé con él en un restaurant frente al Diego Portales (hoy GAM) y de ahí fui a la editorial a ver como había quedado mi libro. Posteriormente regresé donde Mundaca, nos tomamos un café, y hube de ir en busca de mi amigo Sergio Meier que venía de Quillota para el lanzamiento. Y he aquí que al llegar a las inmediaciones del metro Santa Lucía, me encuentro con que un helicóptero de carabineros ha aterrizado en plena Alameda, frente a la Biblioteca Nacional. Sergio e Isabel (su señora) me esperaban abajo, en las boleterías, por lo que me apresuré en ir a buscarlos para que presenciaran el acontecimiento. Juntos vimos como carabineros llevó, desde una ambulancia estacionada a un costado, a un herido en camilla hasta el helicóptero que nunca dejó de girar las aspas hasta despegar. Ahí mismo alguien nos dijo que el operativo se debía a una carabinero a la cual habían atropellado. Al parecer estaba muy grave y en ambulancia no llegaría con vida al hospital desde la usualmente congestionada Alameda. Hay una mención a este incidente en los archivos de EMOL y también algunos videos en YouTube, pero ninguna mención a si la carabinero se recuperó o no (a propósito de YouTube, las partes 1, 2 y 3 del lanzamiento).

Tras una breve visita a Mundaca nos fuimos caminando por el centro para aprovechar de ver algunas librerías. Sergio compró un libro en la TXT! que buscaba hace mucho, pero no recuerdo el título. Llegamos al Círculo de Periodistas, en la calle Amunátegui, a pasos del metro Moneda y subimos hasta la sala del tercer o tal vez cuarto piso. Después de un rato de espera comenzamos la presentación del libro, con Jorge Baradit a mi diestra, y Sergio Meier a mi siniestra.

Durante aquella velada Jorge se preguntó por el sentido de hacer arte, y su conclusión fue que “hacer arte es la única posibilidad que tenemos hoy día de ser honestos”. Y agregó:

“Antes quizás buscabas ser distinto, antes quizás buscabas ser original. Los artistas buscaban ser un aporte para la historia del arte… a lo mejor querían ser reconocidos por algo original, por algo distinto. Hoy día, donde todo eso está superado y realizado un millón de veces y mil millones de veces, y ya es imposible ser distinto, diferente (…), la única posibilidad del artista, el único valor posible del arte es la honestidad. ¿En qué términos? En que la única posibilidad que tú tienes es la de sumergirte en ti mismo (…), buscar el nombre real que tú tienes en las cavernas del ser como decía Artaud (…) y en el fondo sumergirte tan hondo, tan hondo, que lo que saques de ahí va a ser por derecho propio: nuevo. ¿En qué términos? Va a ser propio, va a ser único y por ende va a ser original. Va a ser honesto, va a ser lo que tú eres. No otra cosa. No lo que alguien afuera diga que debe ser. Ese valor, ese arrojo, claramente lo tiene Identidad suspendida (…). Lo que hace Sergio es dejar de intentar ser alguien, es dejar de intentar ser algo y decidirse de una vez por todas a sacarse la coraza, a sacarse todos los parches y todas las máscaras y todas las cosas que ha ido acumulando con el tiempo y tirarse a la piscina en pelotas. Y se tira en pelotas y lo que resulta es un texto que claramente es una topografía neuronal de los miedos y temores más expuestos de Sergio Amira, y por ende valioso. Yo no me atrevo ni puedo, ni soy capaz ni soy tan patudo (aunque patudo soy) como para dar una opinión acerca del estilo, acerca de si esto es bueno o malo. Lo único que sé es que es Sergio Amira lo que hay acá y esa cuestión para mí es oro, porque es muy poca gente hoy en día la que es capaz de hacer algo así”.

“Dejar de intentar ser alguien, de ser algo”, esas palabras de Jorge están en el núcleo mismo de Identidad suspendida. Es el liberarse de la identidad, del peso de la historia, nacional, familiar, personal… es abrirse a las maravillosas posibilidades de ser nadie y ser todos… sacarse la coraza, sacarse las máscaras, despojarse de todo hasta ser una no-entidad, es el Der Geist Unserer Zeit – Mechanischer Kopf de Hausmann, el Sr. Nadie de Grant Morrison que se define a sí mismo como “el espíritu del siglo XXI, el hombre abstracto. El hombre virtual. El hombre nocional”.

Sergio Meier, por su parte, abrió los fuegos hablando sobre la ignorancia y la verdad. “En estos momentos existe una constante sospecha sobre qué es la verdad y que es lo que nos eseña a estas alturas del partido”, para luego agregar: “Finalmente, como dijo el gran poeta nacional Juan Luis Martínez, cada uno de nosotros, cada autor es producto de sus lecturas. En Sergio Amira existe una erudición enorme al leer su obra, una erudición que pocas veces se ve hoy por hoy en que los géneros como bien decía Jorge, los géneros están muy destinados. (…) Quizás por primera vez hay escritores que están hablando de verdad de los grandes temas, y los grandes temas solamente se pueden tratar con una libertad absoluta para ser originales, y esa libertad absoluta está en la imaginación. La imaginación plena. Todo eso está en la obra de Sergio Amira. (..) En Sergio Amira hay experimentación con el lenguaje, alguien podrá decir hay Joyce, hay Burroughs, etc. Eso en ciencia ficción aquí en Chile no se ha visto nunca.(…) Por lo tanto, no podemos mas que recomendar pero encarecidamente la lectura de Identidad suspendida para cualesquiera que quiera saber qué pasa con la historia de la literatura chilena, que pasa con esto momento que es social, político, económico… un momento revolucionario”.

¿Y quienes me acompañaban en aquel momento revolucionario? Además de Baradit y Meier, que no necesitan presentación alguna, se encontraban autores como Luis Saavedra (editor del fanzine Fobos y fundador del grupo Poliedro), Pablo Castro (antologado en Estados Unidos, España y Francia), Teobaldo Mercado (el autor más prolífico de la cf chilena), Daniel Guajardo (mi co-autor en Psique), Omar Vega (autor del prólogo de La Segunda Enciclopedia de Tlön), Diego Maya (discípulo aventajado de Jack Kirby), Miguel Arenas (el hombre que pone la cara por la cf en Chillán), Isabel Meier (continuadora del legado de su marido), A. César Osses (playboy internacional), Cristián Amira (mi hermano menor), Sebastián Gúmera (autor de Poliedro y cineasta en ciernes que filmó el lanzamiento) y algunos otros que de seguro se me olvidan y que luego de leer esto van a colgarme.

Como el mismo Jorge Baradit lo mencionó al tomar la palabra: “Esto es una reunión de amigos más que un lanzamiento… tenís hartos amigos, Sergio”. Pese a que faltaron algunos, allí había varios de los mejores amigos, todos ellos gente importante, no sólo para la literatura chilena, sino para mí como persona y autor. Y reafirmando aún más el vínculo entre el lanzamiento de mi novela y el concierto de los Sex Pistols en Manchester, cito a mi amigo Meier cuando dice: “Aunque el grupo que estamos aquí reunidos aparentemente es mínimo, lo que estamos viviendo esta noche es un episodio más, dentro de una historia que puede ser trascendental para la literatura chilena”.

Es muy probable que el lanzamiento de Identidad suspendida nunca se convierta en algo trascendente, lo mismo se aplica al libro y al autor, pero lo que realmente importa es que para mí y varios de los amigos que me acompañaron en esa ocasión, sí que fue algo trascendente. Por un momento, como dijo Meier, nos sentimos parte de algo mayor, el homo gestalt de Sturgeon, un movimiento, una generación… Hoy poco y nada de eso queda, hace poco se ha cumplido un año del fallecimiento de Sergio Meier y aquella generación que venía con la velocidad de una locomotora se descarriló y cada uno está hoy, a mi parecer, por su cuenta. Pero ese momento hace tres años, arderá eternamente en mi memoria. Ya lo dijo Sting: “at night a candle is brigther than the sun“.

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