Kounboum: el árbol de las diez mil palabras

Según consta en la biografía de Karlés Llord, este escritor y músico cubano desapareció luego de una intensa sesión de weisshöj experimental en el barrio Recreo, Viña del Mar. Luego de muchos esfuerzos, y transcomunicación instrumental mediante, hemos conseguido que responda a algunas preguntas relacionadas a Kounboum, su primer libro en ser editado.

¿Por qué de todas las naciones que tapizan el globo Karlés Llord termina en Chile?

A Chile llegué envuelto en las brumas de un concurso de guitarra. Con los años, me di cuenta de que, siguiendo a María Zambrano, esta era mi patria prenatal, que, a diferencia de la patria del nacimiento, se nos da “por la poesía”. Vine a Chile a desarrollar un trabajo de investigación y uno poético. Pero además, un tercer trabajo, que viene a coincidir con lo que Ignacio Gómez Liaño llama “automorfosis”, y que era el propósito también de los antiguos alquimistas. Automorfosis significa literalmente formación -de uno mismo-, no sólo en el sentido del yo oo la personalidad sino en el de la individuación junguiana. Alcanzar ese Selbst o punto ideal, equidistante entre la conciencia y lo inconsciente.

¿Y ese trabajo hubiese sido diferente de haber sido realizado en Cuba?

En Cuba era totalmente imposible, encontrándome yo ahogado por la extrema competitividad que conlleva la formación de un músico de nivel internacional. Necesitaba sacudirme muchos fardos, incluyendo el fardo mismo de la “necesidad” de realizar una carrera en lo musical. Algunas de estas trabas eran psicológicas, ambientales y por último, como dice Gurdjieff, también estaba “la cuestión material”.

¿Con qué autor chileno tenías relación antes de llegar a Chile?

Bueno, ya se sabe que Gabriela Mistral llamó a José Martí (héroe nacional de Cuba) “el hombre más puro de la raza”. Por otro lado, estaba el omnipresente Neruda, “cuerpo y alma de bacalao”, como lo llamaban los del grupo Mandrágora. De Huidobro asistí a una musicalización de su poema Altazor por un magnífico grupo de jazz en mi ciudad natal, pero más allá del gran triunvirato, no tenía noticias.

Al llegar a nuestro país obviamente conociste más autores chilenos, ¿cuales fueron relevantes para ti al descubrirlos?

Durante los primeros años me dediqué a llenar algunas lagunas en la lectura, así que no me preocupé mucho de los chilenos. Busqué a Jung, Borges, que en Cuba eran poco menos que extraterrestres. En el año 1997, se me “reveló”, literalmente, la obra de don Miguel Serrano, y más tarde los poetas metafísicos chilenos, con lo que se me abrió todo un mundo nuevo de resonancias, pues en el fondo, como dice el gran poeta cubano Lezama Lima, “elegir sólo merece hacerse visible cuando nos eligen”, con lo que se ilustra la ley del sincronismo, o de la acausalidad mágica, que rige los pasos del hombre en esta tierra. Sobre todo a los que son conscientes de un trabajo y una tarea.

La automorfosis tiene que ver con ser consciente de ese trabajo esa y tarea entonces.

Totalmente, y es un trabajo que no es sólo literario. La literatura es una plataforma, un vehículo.

Hablemos de Kounboum, según entiendo es el primer volumen de un ciclo llamado Inferno, cuya escritura iniciaste al poco tiempo de llegar a Chile.

Inferno es un ciclo, claro, cuyos comienzos se remontan a 1996. Ese año, en junio, comencé a grabar un ciclo de conversaciones con un extraño personaje de Viña del Mar, el sabio Leonard Chellew. A lo largo de sesenta y tantas cintas, discutimos el tema de la novela, los caminos posibles para una novela del futuro, tomando como punto central el Paradiso, de Lezama Lima. En noviembre de ese año puse las primeras letras en tinta verde.

El material fue creciendo, con lecturas, investigaciones, encuentros, juegos. La estructura del ciclo no es lineal, sino orgánica, siguiendo el principio de Le Courbusier para su “museo de crecimiento ilimitado”. Las nuevas partes siempre tienen en cuenta el todo, pero no hay un punto de cierre, así como no lo hay, al menos premeditadamente, para el desarrollo de un ser humano o de una ciudad, país, etc.

En el año 2008, decidí dar forma a la estructura, organizándola en volúmenes para su publicación. Pueden ser diez volúmenes, o doce, o catorce, aún no está decidido, pues el sistema mismo impide un cierre… como dice Jung, la conciencia nada sabe de la muerte del cuerpo…

Y el primer volumen está pronto a ser publicado, ¿no es así?

Sí, el primer volumen ya está a punto de salir, en Santiago de Chile, con prólogo de Sergio Meier, y profusamente ilustrado con trabajos originales de siete artistas de estos predios. La editorial es Corriente Alterna, dirigida por el poeta Cristián Arregui.

¿Cuantos libros estimas habrán dado su vida para que Kounboum, que es un árbol, exista impreso?

El árbol, que posee estructura fractal, es dador de vida como bien señalas, nunca instrumento de sacrificio. En este sentido, como lo expresa la Guía de libros raros, problemáticos, e infinitos (esta guía está al final del prólogo de Meier), Kounboum viene a surgir sobre terreno ricamente abonado, a continuar un hilo de fertilidad y no a establecer desierto.

¿Crees que hay un desierto en las letras chilenas en lo que a una tradición de literatura fantástica o de cf se refiere? Jorge Edwards decía que en Chile no se le “perdona” a nadie no ser realista. Ese malentendido “realismo” que es más fantasioso al final que la más desatada obra imaginativa.

Me parece que a Edwards se le perdona, lo que no se perdona es ser deliberadamente fantástico. Pero ningún escritor que se respete necesita el bautismo ni el perdón de pontífice alguno. Encina hablaba de la “noche cerebral”, y yo creo que ese es un riesgo de toda cultura que comienza a vivir de sus propios frutos sin atender las profundas, oscuras raíces de la existencia como un todo. La literatura fantástica siempre estará viva mientras haya fantasía e imaginación; pero cada vez será menos visible…

Háblame de la necesidad de incluir ilustraciones en Kounboum y como fue el proceso de selección de los artistas que participaron.

En el siglo XIX todos los libros llevaban ilustraciones. Esto del libro desprovisto de imágenes, es propio de la producción masiva, industrial, en la que ha caído el arte. Además de eso, existe un propósito estético. La selección de los ilustradores se realizó atendiendo a un cierto carácter “antiguo” o “desfasado”, un toque “atemporal” en la personalidad de los artistas, que se aviene excelentemente con el estilo de Kounboum. Existe el “buen hacer” y existe la “singularidad”, y yo decidí elegir lo segundo. Artistas buenos los hay por montones, pero artistas singulares hay muy pocos, y logré reunir a varios de estos en Kounboum.

El hecho que sean varios artistas y no uno solo ilustrando Kounboum aporta además una mirada múltiple en ese sentido es un libro que se parece más al mundo dónde fue concebido ya que la “realidad” es un acuerdo entre varias singularidades.

Exacto, se produce un diálogo entre estilos singulares, y crea una narrativa paralela a la del mismo texto, ya que me parece que las ilustraciones resuenan entre sí a un nivel más que metafórico.

Por lo que he visto las ilustraciones no sólo están al servicio del texto reiterando algo presente ahí sino aportando nuevas lecturas.

Sí, por eso mi idea fue siempre dejar a los artistas en plena libertad creativa, de modo que lo que se plasmara fuera su propia visión de la obra y no mis intereses estéticos. De ahí que las ilustraciones funcionen por sí solas.

Cuéntanos del prólogo de Sergio Meier.

Meier vivía en el infinito de los libros, y yo tuve la suerte de participar de ese proceso y gozarlo y aprender muchísimo, fue un enriquecimiento y una apertura mental impagable. El prólogo de Kounboum es lacristalización de esas jornadas valiosas donde pude ver a Meier explayarse en el esplendor de su prosa imaginaria, oral. Como las ilustraciones, es un organismo que funciona de forma independiente.

Un prólogo que además estaba escrito, en parte, muchos años antes.

La primera parte era un texto escrito por Sergio en 1996, curiosamente el mismo año del comienzo de la escritura de Inferno y calzaba exactamente con lo que buscaba Sergio, que era presentar a Kounboum dentro de una tradición de libros infinitos dentro de lo fantástico, es una creación exquisita de genealogía entre real y mitológica.

No quiero preguntar por influencias sino por confluencias, qué autores confluyen en Kounboum. Además de Lloró, que otras voces podemos identificar.

Bueno, confluyen indudablemente Borges, Serrano, Bolaño, Blavatsky, Ouspensky, Kafka, Carroll y Jung.

Por último, Karlés, imaginemos que Kounboum cae en manos de un librero más bien pedestre. ¿En que sección crees que colocaría tu libro?

En la sección esotéricos o en la sección orientales.

Versión completa de la conversación publicada originalmente el 29 de agosto de 2010 en Puerto de Escape. http://puerto-de-escape.cl/2010/1228/

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