Ucronía Chil3

Le pregunté una vez a Arragon, el historiador, cómo se escribía la historia. Él respondió: ‘Hay que inventarla’.

John Cage, “An Autobiographical Statement”, 1989.

La historia hay que inventarla y eso fue lo que varios autores de mi generación hicimos en Ucronía Chile, el blog fundado por Jorge Baradit que nos invitó a ejercer nuestro derecho a “inventar” la historia de Chile, del mundo y de la realidad misma. Creo que una definición acertada del ejercicio escritural desarrollado por quienes participamos de Ucronía Chile es la de “revisionismo histórico delirante”. El revisionismo es una práctica que suele despertar polémicas, discrepancias e incluso puede derivar en actos criminales como es la negación del holocausto en varios países. El peligro de ese tipo de revisionismo es que se aleja de la legítima duda que lo anima y se convierte en una certeza o verdad histórica que pretende reemplazar al discurso oficialista. La ucronía al ser un género literario no adolece de las pretensiones del revisionismo histórico, pero no por eso deja de ser desafiante y provocativa, es sólo que lo hace desde el terreno de la imaginación, algo que algunos de sus detractores suelen olvidar y para ello basta ver ciertos comentarios del primer experimento ucrónico que dio origen al blog en YouTube.

La publicación de CHIL3: Relación del Reyno y la inclusión de uno de mis textos en dicho volumen ha servido de excusa para revisitar Ucronía Chile, que debutó como blog en un mes como este hace ya cuatro años. Más que recordar un post determinado u otro se me viene a la memoria la potentísima sinergia de aquellos días, el desafío que representaba escribir algo que impresionara a los demás, la retroalimentación, las colaboraciones y los múltiples universos que brotaban de manera individual o participativa… Recuerdo un post, por ejemplo, dónde Pancho Ortega narraba el asesinato de Alsino (incluido en CHIL3…) que posteriormente yo adjudicaría al Bobi de Patas de perro de Carlos Droguett. Sin embargo este último post fue uno de los tantos que se extraviaron luego que la base de datos fuera hackeada según consigna Emiliano Navarrete en su artículo “Quiero recordar las cosas a mi modo” Delirios del colectivo Ucronía Chile. Tal vez esté respaldado por ahí, en alguno de mis muchos DVDs, pero hallarlo supone una labor de arqueología digital que prefiero pasar por alto. Mejor es buscar en la base de datos de baradit.cl, dónde he encontrado algunas ucronías de las que ya ni me recordaba. De hecho, había olvidado por completo que mi texto sobre Toesca (pags 18-20 de CHIL3…) sería incorporado posteriormente a mi primera novela. De esta manera entonces no sólo encontramos los gérmenes de 1899 y SYNCO en Ucronía Chile, sino también de Identidad suspendida.

Sobre el texto de Toesca que supone toda mi participación en CHIL3: Relación del Reyno debo decir que nació durante las clases de Historia del Arte Chileno de Enrique Solanich impartidas en mi alma máter, la Universidad Finis Terrae. Aún recuerdo la pesada proyectora de diapositivas que debía acarrear desde la Facultad de Arte a la casa central durante cada clase y es que yo no estaba ahí en calidad de alumno sino de ayudante por dos años consecutivos (2006-2007). El profesor Solanich es una eminencia en su área de expertise y posee la que debe ser la colección de diapositivas de arte chileno más grande del país. Fue pasando de una diapositiva a otra, para deleite y aburrimiento de los alumnos por igual, allá en las oscuras penumbras del fondo de la sala, que comencé a preguntarme por el lado B de la historia de dichas obras y sus autores, como Joaquín Toesca.

Como dato anecdótico puedo agregar que el Lorenzo D’Archangeli que aparece en mi relato fue tomado de un vendedor que vino a ofrecerme Internet cierto día. Yo no podía creer que el apellido del tipo fuese efectivamente D’Archangeli debido a mi cuento incluido en Visiones 2005 y Años Luz: Caro data archangeli, pero él me mostró su carnet y yo  le enseñé el ejemplar del libro que me envío la AEFTCF. ¿Coincidencia? No, en absoluto, aunque jamás volví a ver a Lorenzo D’Archangeli y tampoco puse Internet en aquella ocasión. Puede que aquel encuentro se haya llevado a cabo sólo para complementar mi aporte a CHIL3: Relación del Reyno… Quién sabe, algunas cosas es mejor no develarlas, parafraseando a Warren Ellis: It’s a strange world, lets keep it that way.

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